Tom Lee defiende Bitcoin, pero su argumento revela una debilidad incómoda

Tom Lee defiende la tesis cripto mientras Bitcoin continúa rezagado frente a la IA.
Tom Lee defiende la tesis cripto mientras Bitcoin continúa rezagado frente a la IA.

A comienzos de junio, el cofundador de Fundstrat defendió en CNBC que la debilidad de las criptomonedas no había roto su tesis de largo plazo. Su argumento partía de una contradicción: mientras el capital prestaba atención a los semiconductores, la inteligencia artificial y el software, Bitcoin y Ethereum seguían rezagados pese a contar, según Lee, con varios factores que deberían haber jugado a su favor.

El ángulo importante no es si Lee terminará acertando con sus previsiones. Es que Bitcoin no ha respondido como activo refugio, beneficiario automático de la IA ni alternativa evidente ante la incertidumbre geopolítica. Esa desconexión obliga a mirar más allá de las narrativas y centrarse en algo bastante menos atractivo, pero más útil: los flujos, la liquidez y el apetito real por asumir riesgo.

La paradoja de Tom Lee: buenos relatos, peor precio

Lee afirmó que la tesis de Bitcoin y Ethereum no estaba rota y señaló que el desarrollo de agentes de inteligencia artificial, la tokenización y el uso de redes blockchain podrían aumentar la importancia de ambos activos durante los próximos años. También reconoció que el foco inmediato del mercado estaba concentrado en los semiconductores y las compañías de software.

La explicación tiene lógica como escenario de largo plazo, pero no resuelve lo que ha ocurrido con el precio. Una tecnología puede ganar relevancia sin que su token capture automáticamente ese valor, del mismo modo que una narrativa favorable no garantiza que aparezcan compradores suficientes en el mercado.

A 15 de julio de 2026, Bitcoin cotizaba alrededor de los 64.600 dólares y Ethereum se situaba cerca de los 1.625 dólares. Son referencias temporales que pueden variar con rapidez, pero muestran que ambos activos continúan lejos de los niveles que alimentaron el optimismo de 2025.

A comienzos de julio, Bitcoin todavía acumulaba una caída superior al 50% desde su máximo de octubre de 2025. Esto no demuestra que su tesis de largo plazo haya desaparecido, pero tampoco permite presentar la corrección como un simple accidente sin consecuencias.

Los flujos explican más que la guerra o la inteligencia artificial

La pregunta no es solo qué factores deberían beneficiar a las criptomonedas. La pregunta es si esos factores se están transformando realmente en entradas de capital.

El 1 de junio, CoinShares informó de salidas semanales de 1.670 millones de dólares en productos de inversión vinculados a activos digitales. Bitcoin concentró 1.438 millones y Ethereum otros 257 millones. Era la tercera semana negativa consecutiva, con salidas acumuladas de 4.210 millones durante ese periodo.

Esos datos ayudan a entender la anomalía. Cuando fondos e inversores reducen exposición, el precio puede caer aunque existan argumentos favorables sobre adopción, regulación o tecnología. El mercado no recompensa una historia por ser convincente; necesita demanda, liquidez y una disposición clara a asumir riesgo.

La situación tampoco es completamente lineal. En julio, los ETF estadounidenses de Bitcoin llegaron a registrar tres jornadas consecutivas de entradas netas por unos 510,7 millones de dólares, según datos citados por Barron’s. El dato aportó cierto apoyo, pero no bastó para devolver a Bitcoin a sus máximos ni para confirmar un cambio estructural.

Esto también matiza la relación con la guerra. En determinados momentos, Bitcoin puede beneficiarse de su negociación ininterrumpida o de movimientos de capital fuera de sistemas locales. En otros, una escalada geopolítica reduce el apetito por riesgo y presiona al conjunto del mercado. Por eso, presentar los conflictos como un catalizador automáticamente alcista sería simplificar demasiado.

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Qué debe vigilar el inversor antes de dar por terminada la caída

La primera señal es la continuidad de los flujos. Una jornada positiva en los ETF aporta información, pero una tendencia más sólida exigiría entradas persistentes, mayor volumen al contado y menor dependencia del apalancamiento.

La segunda es el comportamiento relativo. Si las bolsas tecnológicas avanzan mientras Bitcoin y Ethereum continúan rezagados, el mercado está diciendo que, al menos en ese momento, no considera intercambiables las narrativas de IA, blockchain y criptoactivos.

La tercera es la diferencia entre Bitcoin y Ethereum. Aunque Lee agrupa ambos dentro de una misma tesis tecnológica, sus motores no son idénticos. Bitcoin depende en gran medida de su demanda monetaria, su escasez y el acceso institucional. Ethereum añade actividad de red, staking, comisiones, capas 2 y tokenización. Una recuperación de uno no garantiza que el otro responda con la misma intensidad.

Para quien todavía esté valorando una exposición, el análisis del mercado no sustituye las decisiones operativas. Conviene entender los costes, la volatilidad y la custodia explicados en las guías sobre cómo comprar Bitcoin y cómo comprar Ethereum. También es importante revisar quién presta el servicio y bajo qué condiciones mediante el comparador de exchanges de criptomonedas.

Tom Lee puede tener razón al afirmar que la utilidad futura de Bitcoin y Ethereum no ha desaparecido. Lo que el mercado ha demostrado es algo diferente: una tesis de largo plazo no protege frente a las salidas de capital, la falta de liquidez ni una corrección prolongada. Antes de interpretar cualquier rebote como confirmación, conviene comprobar si están regresando los compradores, no solo las narrativas.

Sobre el autor
Alejandro Borja, CEO de Finantres

Alejandro Borja

CEO de Finantres, economista e inversor

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