Quigley cree que Zuckerberg cometió su mayor error al abandonar Libra

Mark Zuckerberg
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Qué dijo Quigley y qué ocurrió realmente con Libra

Quigley realizó esta valoración en una entrevista reciente publicada por Work in Fintech. Su argumento es que Meta desaprovechó la posibilidad de integrar pagos digitales rápidos y baratos en plataformas con unos 2.500 millones de usuarios, una escala que podría haber transformado Facebook y WhatsApp en una infraestructura global de pagos. Es una opinión estratégica atribuida a Quigley, no una conclusión demostrada sobre lo que habría ocurrido.

La idea no partía de cero. Facebook presentó Libra y la cartera Calibra en junio de 2019 con la intención de facilitar pagos desde Messenger y WhatsApp. El proyecto planteaba una moneda digital respaldada por reservas y gestionada por una asociación independiente, aunque la influencia de Facebook despertó dudas inmediatas sobre privacidad, competencia, estabilidad financiera y control monetario.

Mark Zuckerberg compareció ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos el 23 de octubre de 2019. Libra fue después rebautizada como Diem, pero nunca alcanzó el despliegue internacional previsto. La asociación anunció el 31 de enero de 2022 la venta de sus activos tecnológicos y propiedad intelectual a Silvergate.

La lectura de Quigley tiene una lógica empresarial: Meta contaba con distribución, usuarios y canales de comunicación suficientes para convertir una stablecoin en una herramienta cotidiana. Sin embargo, eso no demuestra que el proyecto hubiera superado los problemas regulatorios, de privacidad o de confianza que provocó su bloqueo.

Tampoco puede afirmarse que el lanzamiento habría “ocultado” los problemas de la apuesta de Meta por el metaverso. Es un escenario contrafactual imposible de verificar. Una stablecoin con millones de usuarios no garantiza por sí sola ingresos suficientes, aceptación regulatoria ni protección frente al fraude.

CLARITY no es la ley estadounidense de stablecoins

Otra parte de la predicción de Quigley necesita una corrección importante. La norma estadounidense específicamente centrada en las stablecoins de pago es la GENIUS Act, promulgada en julio de 2025. La ley establece un marco federal para sus emisores, con requisitos relacionados con reservas, reembolsos y supervisión.

La CLARITY Act, en cambio, busca repartir competencias y establecer una estructura más amplia para el mercado de activos digitales entre organismos como la SEC y la CFTC. A 20 de julio de 2026, el proyecto había avanzado en el Congreso, pero seguía formando parte del proceso legislativo y no podía presentarse como una ley plenamente vigente.

Esto importa porque decir que Amazon, Apple, Google o Alibaba lanzarán sus propias stablecoins “cuando entre en vigor CLARITY” mezcla una previsión empresarial con un proceso regulatorio todavía abierto. No existe confirmación oficial de que esas cuatro compañías estén preparando monedas propias. La afirmación debe mantenerse como pronóstico de Quigley.

El contexto sí ha cambiado desde el fracaso de Libra. Estados Unidos dispone ahora de una ley federal específica para stablecoins de pago y las grandes empresas cuentan con mayor claridad sobre las condiciones que deberían cumplir. Eso reduce una parte de la incertidumbre, pero no elimina los costes regulatorios, la responsabilidad sobre las reservas ni el riesgo reputacional de gestionar dinero digital.

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Open USD reúne empresas, no 140 bancos

Open USD refuerza la idea de que las stablecoins se están acercando al sistema financiero tradicional, aunque la descripción que circula en redes tampoco es exacta. El proyecto fue anunciado el 30 de junio de 2026 por Open Standard y reúne a más de 140 empresas, no a 140 bancos. Entre sus participantes aparecen entidades financieras, compañías de pagos, gestoras, plataformas tecnológicas y empresas del sector cripto.

La lista incluye nombres como Visa, Mastercard, Stripe, BlackRock, BNY, Coinbase y Google. La presencia de Google no significa que la empresa haya anunciado una stablecoin propia: participar en una red común, integrar sus pagos o colaborar en su desarrollo es distinto de emitir un token bajo su marca.

Open USD prevé comenzar a operar más adelante en 2026. Según su documentación, las empresas podrán acuñar y reembolsar la stablecoin sin determinadas comisiones directas y compartir una parte de los ingresos generados por las reservas. El diseño busca repartir los incentivos económicos entre los miembros, en lugar de concentrarlos únicamente en el emisor.

Hasta que la moneda entre en funcionamiento no será posible comprobar su adopción, liquidez, capacidad de reembolso o uso real. El número de empresas participantes mide apoyo institucional, pero no equivale a usuarios activos ni garantiza que el proyecto desplace a USDT, USDC u otras stablecoins.

Qué podría cambiar para el usuario de criptomonedas

La parte más relevante de la tesis de Quigley no está en decidir si Zuckerberg cometió “el mayor error” de su carrera. Está en entender qué sucedería si una gran plataforma tecnológica integrase una stablecoin dentro de una aplicación utilizada a diario.

Los pagos podrían liquidarse durante las 24 horas, cruzar fronteras con menos intermediarios y reducir algunos costes. Al mismo tiempo, el usuario asumiría riesgos relacionados con el emisor, la composición de las reservas, la custodia, la posibilidad de recuperar el dinero y el tratamiento de sus datos personales.

Una stablecoin tampoco es automáticamente equivalente a un depósito bancario. Su seguridad depende de los activos que la respaldan, de la entidad responsable, de las condiciones de reembolso y de la legislación aplicable. Para un lector en España, conviene distinguir el debate estadounidense del marco europeo explicado en nuestra guía sobre qué es MiCA y cómo afecta a las criptomonedas.

MiCA se aplica en la Unión Europea desde el 30 de diciembre de 2024 y establece obligaciones específicas para emisores y proveedores de servicios de criptoactivos. La aprobación de una norma estadounidense no autoriza automáticamente un producto en España ni sustituye las exigencias europeas.

También resulta útil revisar las diferencias entre los distintos tipos de monedas digitales y los cambios de MiCA para stablecoins como USDT y USDC. La marca que distribuya una moneda puede ser conocida, pero eso no elimina el riesgo de contraparte, de pérdida temporal de paridad o de restricciones para retirarla.

Informaciones publicadas en febrero de 2026 apuntaron a que Meta estudiaba integrar stablecoins emitidas por terceros, aunque la compañía no había anunciado oficialmente un lanzamiento a la fecha de esta revisión. Esta posibilidad reforzaría la idea de que Meta aún ve utilidad en estos pagos, pero no supondría recuperar el modelo original de Libra.

La conclusión prudente es que Quigley ha planteado una tesis empresarial provocadora en un momento favorable para las stablecoins. Lo confirmado es que Meta abandonó Diem y que la regulación estadounidense ha avanzado. Lo que sigue abierto es si las grandes tecnológicas emitirán monedas propias y si los usuarios confiarán en ellas para mover su dinero.

Sobre el autor
Alejandro Borja, CEO de Finantres

Alejandro Borja

CEO de Finantres, economista e inversor

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