Qué representa realmente la cifra de 230.000 millones
La advertencia figura en el World Payments Report 2027, publicado el 24 de septiembre de 2026. La consultora prevé que esos tres instrumentos canalicen aproximadamente el 4% del volumen mundial de pagos en 2030.
Los ingresos expuestos representan alrededor del 10% de la facturación mundial del sector de pagos. Incluyen márgenes por cambio de divisa, comisiones de bancos intermediarios, procesamiento y rendimientos del dinero pendiente de liquidación. Es decir, varias formas de ganar dinero mientras una transferencia llega a su destino.
La distinción importa: no son ahorros de clientes que hayan desaparecido ni pérdidas contabilizadas por los bancos. Tampoco debe interpretarse el horizonte de 2030 como una fecha en la que necesariamente se perderá toda esa cantidad. Ese plazo corresponde a la previsión de uso de los nuevos instrumentos.
La presión parte de una necesidad concreta: el 74% de las empresas encuestadas describe los pagos transfronterizos como lentos, caros e imprevisibles.
Los nuevos pagos también pueden seguir dentro de los bancos
Hablar de «auge cripto» puede ocultar diferencias importantes. Tokenizar consiste en representar dinero o derechos mediante unidades digitales que pueden incorporar reglas de funcionamiento. Compartir esa tecnología no convierte todos los instrumentos en el mismo producto ni les da las mismas garantías.
Una stablecoin busca mantener un valor vinculado a una referencia, como el dólar o el euro. En las respaldadas por activos, importan la composición de las reservas y las condiciones de reembolso. Mantener esa paridad es un objetivo, no una garantía de que nunca se perderá.
Un depósito tokenizado, en cambio, sigue siendo una obligación de un banco frente a su cliente, registrada en una plataforma programable. El Banco de Pagos Internacionales subraya esa diferencia. Por eso, la tecnología puede cambiar cómo se paga sin sacar necesariamente el dinero del sistema bancario.
Las monedas digitales de bancos centrales pertenecen a una tercera categoría: son dinero emitido por una autoridad monetaria, no por un emisor privado. Agruparlas en una previsión sirve para estudiar los pagos, pero no para atribuirles idéntico riesgo.
La encuesta de Capgemini también matiza la idea de una sustitución inevitable de los bancos: el 71% de las empresas elegiría una entidad bancaria frente a una fintech con igual coste y calidad. Sin embargo, cerca del 60% aceptaría servicios de stablecoins de proveedores no bancarios si su banco se quedara atrás.
El estudio recoge respuestas de 1.110 grandes empresas y 300 directivos bancarios, obtenidas entre mayo y junio de 2026 en nueve mercados. España no forma parte de esa muestra. Son preferencias declaradas, no una medición de clientes que ya hayan cambiado de proveedor.
La comisión de la red no cuenta todo el coste
Para quien envía dinero, la cuestión práctica es cuánto recibe el destinatario y cuándo puede utilizarlo. Una comisión reducida dentro de una blockchain no demuestra que el recorrido completo resulte más barato: también cuentan las conversiones, los ingresos y las retiradas.
Un trabajo publicado por el Banco de Italia en julio de 2026 aporta un contraste útil. Sus autores probaron transferencias de 200 USDC, una stablecoin vinculada al dólar, entre Italia y otros países. No encontraron una ventaja sistemática en costes frente a los canales tradicionales.
El resultado dependía especialmente de convertir moneda convencional en tokens y volver a convertirlos al llegar. Es una prueba acotada, no una tarifa universal ni una comparación directa con los grandes pagos empresariales de Capgemini. Su utilidad es mostrar por qué el ahorro debe medirse de principio a fin.
La pregunta, por tanto, no es solo si se usa blockchain. Es si el servicio completo reduce costes y retrasos sin trasladar al usuario riesgos o complicaciones que antes asumía otro intermediario.
Qué implica para el usuario de criptomonedas en España
En España, MiCA regula los criptoactivos y servicios incluidos en su ámbito. Para las fichas de dinero electrónico, el reglamento reconoce un derecho de reembolso frente al emisor por su valor nominal. Pero exige advertir que no están cubiertas por los sistemas de garantía de depósitos ni de indemnización de inversores.
La autorización del proveedor tampoco equivale a ausencia de riesgo. Las autoridades europeas recomiendan comprobar tanto la entidad como los servicios concretos que puede prestar. También advierten de problemas de liquidez, fraudes y pérdida de acceso cuando se pierden las claves privadas.
Además, una stablecoin vinculada al dólar no elimina el riesgo de cambio para quien mide su dinero en euros: aunque mantenga su referencia en dólares, su valor en euros puede variar. La estabilidad respecto a una moneda no equivale a estabilidad frente a todas las demás.
Para quien sigue el mercado como inversor, tampoco se deduce de esta previsión que vayan a subir Bitcoin, Ethereum u otro token. Competir por los ingresos de los pagos y generar rentabilidad para quien posee una criptomoneda son cuestiones distintas.
La consecuencia útil de esta noticia es una posible presión competitiva sobre el negocio de mover dinero. Para el usuario, la mejora tendrá que verse en el coste final, la disponibilidad de los fondos y la claridad sobre quién responde si algo falla.








