El BPI cuestiona la arquitectura monetaria de Bitcoin, no solo su capacidad técnica
El trabajo se titula Money and the architecture of trust, fue publicado el 14 de octubre de 2026 como BIS Paper nº 175 y está firmado por Iñaki Aldasoro, economista del Banco de Pagos Internacionales. Hay un matiz importante: el propio documento aclara que las opiniones son del autor y no representan necesariamente al BPI ni a sus bancos centrales miembros.
La tesis de Aldasoro parte de una definición de dinero distinta de la habitual. Para él, el dinero no es únicamente un medio de intercambio ni una tecnología para mover valor. Es una institución que permite liquidar obligaciones a gran escala gracias a una jerarquía de dinero y crédito, capacidad de crear liquidez cuando hace falta y mecanismos de respaldo cuando el sistema entra en tensión. Desde ese marco, Bitcoin queda fuera porque su oferta es rígida y no existe un balance capaz de expandirse como prestamista de última instancia.
Esto importa porque la crítica no es simplemente que la red procese más o menos pagos. El autor cuestiona la arquitectura institucional sobre la que se apoya un sistema monetario. Conviene separar esa discusión de la parte técnica de cómo funciona una blockchain: mejorar velocidad, comisiones o capas de pago no responde por sí solo a la pregunta de quién crea crédito, quién absorbe pérdidas o qué ocurre cuando todos buscan liquidez al mismo tiempo.
Saylor llega a un punto parecido, pero quiere construir crédito sobre Bitcoin
Michael Saylor lleva meses defendiendo una idea que, a primera vista, resulta sorprendentemente cercana: Bitcoin no necesita convertirse en el medio de pago de cada café para tener utilidad económica. En junio presentó su Digital Asset Stack, con BTC en la base como “capital digital” y varias capas por encima para crédito, dinero estable, rendimiento y capital.
Su argumento es muy distinto al del estudio del BPI. Saylor no considera que la rigidez de Bitcoin sea un defecto que deba corregirse. Al contrario, quiere conservar el protocolo y utilizar BTC como activo de capital o colateral. En julio lo formuló todavía más claro: la capa base de Bitcoin no estaría optimizada para pagos cotidianos, sino para liquidación final, mientras que pagos, préstamos y productos de crédito se desarrollarían alrededor de ella. El 17 de octubre volvió a presentar esa visión en ParaFi Investor Day, donde habló de capital digital, crédito y una posible capa de dinero respaldada por Bitcoin.
Ese planteamiento implica una diferencia importante para el inversor. Tener Bitcoin directamente no es lo mismo que comprar un producto emitido por una empresa que utiliza BTC en su balance. Strategy presenta, por ejemplo, STRC como una acción preferente perpetua, mientras Saylor la encuadra dentro de lo que denomina “crédito digital”. Esa exposición añade riesgo del emisor, estructura de capital, liquidez y condiciones del propio instrumento. Incluso Saylor reconoce que reducir volatilidad no equivale a eliminar riesgo.
El punto de encuentro es el crédito; la diferencia está en quién sostiene el sistema
Aquí está la parte más interesante. El estudio publicado por el BPI y Saylor no coinciden en la valoración de Bitcoin, pero ambos terminan colocando el crédito por encima de un activo base. Aldasoro utiliza la historia monetaria para sostener que el oro pudo actuar como ancla mientras los pagos cotidianos se realizaban mediante una superestructura de crédito. Saylor quiere trasladar una lógica parecida a Bitcoin.
La diferencia está en quién proporciona estabilidad cuando esa estructura se tensiona. En el marco del estudio, los sistemas monetarios modernos funcionan con bancos centrales, jerarquías de pasivos, financiación elástica y respaldos públicos. En el modelo de Saylor, el riesgo se reparte entre Bitcoin, reservas en dólares, instrumentos de crédito y capas de capital privado. No existe aquí una equivalencia con un depósito bancario ni una garantía pública automática.
Tampoco conviene tratar la propuesta de Saylor como una descripción neutral del mercado. Es el presidente ejecutivo de Strategy, una compañía cuya estrategia corporativa depende de Bitcoin y que emite productos financieros vinculados a su estructura de capital. Su tesis tiene interés porque muestra cómo uno de los principales defensores corporativos de BTC imagina su evolución financiera, pero ese interés económico debe formar parte de la lectura.
Qué significa esto para quien tiene o sigue Bitcoin
La publicación del BPI no cambia el protocolo de Bitcoin, su oferta, su custodia ni su situación regulatoria en España. Tampoco demuestra que BTC “nunca” pueda utilizarse como dinero. Lo que hace es cuestionar una tesis concreta: que un activo escaso y descentralizado pueda sustituir por sí solo la arquitectura de crédito, liquidación y respaldo que sostiene el dinero moderno.
Para quien invierte en Bitcoin, la distinción puede resultar más útil que cualquier discusión semántica. Una cosa es la tesis de BTC como activo escaso y de largo plazo; otra, su uso como unidad de cuenta y medio de pago diario; y otra muy distinta, comprar valores o productos de crédito respaldados directa o indirectamente por Bitcoin. Cada capa añade riesgos diferentes. Nuestra guía sobre los riesgos de invertir en criptomonedas explica por qué una estructura financiera o una regulación más desarrollada tampoco elimina el riesgo económico.
La conclusión, por ahora, es menos rotunda de lo que sugieren los dos extremos del debate. El estudio del BPI aporta un marco teórico que cuestiona Bitcoin como dinero cotidiano; Saylor acepta que el uso diario no tiene por qué residir en la capa base y apuesta por construir una arquitectura financiera sobre BTC. La pregunta relevante para el lector es quién asumirá el riesgo de esa arquitectura cuando llegue un periodo de estrés.








